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002 - Serie A Propósito: La Tienda de Dios



Juan:                “Oye, Manuel, ¿alguna vez has oído hablar de la Tienda de Dios?”

Manuel:             “Sí, fíjate que una vez oí que la tienda de Dios está ubicada en un lugar inusual.”

Juan:                “¿Qué quieres decir por un lugar inusual?”

Manuel:             “Un compadre mío me dijo que la tienda está muy cerca pero que sin embargo está muy lejos.”


Juan:                “Eso no tiene sentido. O está lejos o está cerca, ambas cosas no pueden ser.”

Manuel:             “Bueno, pues sucede que la tienda de Dios está muy cerca y, al mismo tiempo, está muy lejos.”

Juan:                “¿Y le preguntaste a tu amigo que te aclarara lo que quiso decir?”

Manuel:             “Desde luego que sí. Me dijo que durante el Renacimiento Español vivió una monja carmelita, a quien hoy conocemos como santa Teresa de Jesús, o santa Teresa de Ávila, que escribió un libro intitulado Las Moradas o El Castillo Interior. En su libro, ella nos dice que en la más recóndita de esas muchas moradas hállase Dios.”

Juan:                “¿Y en dónde queda este castillo interior?”

Manuel:             “Dentro del pecho, por la mitad del tórax.”

Juan:                “¿Quieres decir, por el corazón?”

Manuel:             “Sí, en sus alrededores.”

Juan:                “¿Puedes ser más específico?”

Manuel:             “Bueno, hasta donde me da el cacumen, la Tienda de Dios está en un área que queda detrás y por encimita del ventrículo derecho.”

Juan:                “¿Y qué está haciendo Dios allí?”

Manuel:             “Junto con un número infinito de tareas, está supervisando Su tienda.”

Juan:                “¿Y se pueden comprar cosas allí?”

Manuel:             “¡Desde luego! Yo obtuve varios artículos en la tienda. En ella se pueden comprar las cosas más preciosas, pero según mi amigo, muy poca gente va de compras allí.”

Juan:                “Manuel, por favor dame un ejemplo, a ver ¿qué se puede comprar allí?”

Manuel:             “Felicidad, Salud, Sabiduría, Bondad, Verdad, Justicia, Amistad, Paciencia, Honestidad, Amor Sincero, Honor, Fortaleza Espiritual, entre otras muchas.”

Juan:                “Sí, pero esas cosas deben ser costosísimas.”

Manuel:             “Son gratuitas.”

Juan:                “Si la Felicidad fuese gratis, todos la adquirirían.”

Manuel:             “Es allí donde la tienda nos parece lejos.”

Juan:                “Escúchame Manuel, suponte que yo quiero algunas de esas cosas que acabas de mencionar, ¿cómo llego a la Tienda de Dios para obtenerlas?”

Manuel:             “Haces lo que santa Teresa de Jesús sugiere en su libro. Llegas allí invirtiendo el pensamiento hacia tu interior y viajando hasta el fondo de ti mismo donde debes hallar la tienda. Cuando llegues, le pides a Dios lo que quieras. La mayoría de las personas quieren la Felicidad, y si eso es lo que tú quieres, pues con toda confianza, pídesela.”

Juan:                “¿Y Dios te da la felicidad así nomás?”

Manuel:             “Él te da lo que quieras… así nomás.”

Juan:                “La mayoría de mis amigos quieren un coche de lujo, vestidos elegantes y utensilios modernos. ¿También los pueden adquirir allí?”

Manuel:             “No, esos son artículos mundanos, por lo que tus amigos tendrían que salir de su interior y dirigirse a un centro comercial.”

Juan:                “Pero en las tiendas que hay allí te cobran por todo.”

Manuel:             “Eso se debe a que la mayoría de la gente anhela las cosas menos importantes. Si quisieran las verdaderamente esenciales, como la Salud o la Felicidad, irían a la Tienda de Dios y las obtendrían gratis.”

Juan:                “¿Y tú has ido a la Tienda de Dios?”

Manuel:             “Pero si te lo acabo de decir, Juan. Además, desde que tú y yo nos hicimos amigos, decidí darme una vuelta por allí.”

Juan:                “¿Y qué adquiriste?”

Manuel:             “Paciencia, Juan, mucha paciencia.”

 

Texto e ilustraciones bajo derechos de autor © Jacob A. J. Taylor 2013

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